La palabra “musicoterapia” normalmente despierta cierta curiosidad e interés.
Muchos piensan que el Musicoterapeuta le hace escuchar a la persona una música sanadora y ésta se siente mejor. En realidad en Musicoterapia no existe ningún sonido sanador ni ninguna música mágica: se trabaja con la música que más le agrade al paciente y con la que se identifique, respetando su unicidad y su personalidad.
La Musicoterapia es una disciplina paramédica, que tiene fundamentos científicos, que utiliza técnicas específicas y tiene objetivos concretos.
Se desarrolla dentro de un proceso terapéutico, por lo tanto tiene que ser aplicada por un Musicoterapeuta titulado que posee conocimientos en varias áreas de la medicina, como la psicología y la neurología, además de tener conocimientos y saber manejar los parámetros musicales (ritmo, melodía, armonía, etc.) para aplicarlos de manera terapéutica. La Musicoterapia no pretende curar a las personas de una enfermedad, más bien procura abrir un canal de comunicación, promover cambios que mejorarán la calidad de vida del paciente y, por ende, apoyará a las otras terapias médicas facilitando su abordaje.
Por esta razón es importante que el Musicoterapeuta pueda trabajar en equipo con otros profesionales de la salud, para que todos compartan información y desarrollen estrategias para un único objetivo común: el bien de los pacientes.
Ejemplos: las personas que padecen Alzheimer son capaces de recordar canciones durante las sesiones de musicoterapia que le recuerdan momentos importantes de su pasado. Las mismas están diseñadas para que ejerciten su memoria musical y su movilidad, provocando interconexiones neuronales que pueden retrasar el impacto de esta enfermedad, que por el momento, es incurable.
Musicoterapia preventiva: trabajamos en el embarazo y en estimulación temprana:sobre todo cuando se aplica en bebés que están hospitalizados, prematuros.
Y además su eficacia está comprobada en TGD, Síndrome de Down, Parálisis Cerebral, Pacientes en Coma, entre otros.
En Europa los dos países más conscientes de
l
poder
terapéutico
de
l sonido, la
música y el movimiento, son Alemania y España, que doblan en número los centros dedicados a la formación de profesionales al resto de naciones europeas. En España la musicoterapia ya se aplica en hospitales públicos, como el hospital Niño Jesús de Barcelona y el hospital La Fe en Valencia, y existen máster y especializaciones universitarias, como en la Universidad Autónoma de Madrid y en Alcalá de Henares