PSICOLOGIA › MUSICA Y PSICOANALISIS
Madre de toda melodía
La aptitud del ser humano para ser afectado por la música nace en esos primeros meses en que “las caricias y la voz son parte del mismo ‘baño sonoro’”, advierte el autor de esta nota, y sostiene que “esta relación germinal es lo que diferencia la música de las otras artes y explica sus efectos”.
Por Guido A. Idiart *Múltiples investigaciones concuerdan en que el aparato auditivo comienza a desarrollarse tempranamente, a diferencia del aparato visual, que termina de desarrollarse meses después del nacimiento (Gabriel Federico, El embarazo musical, ed. Kier, 2002). A los tres meses de gestación, el feto ya puede percibir los sonidos intrauterinos y a partir de los cuatro meses los sonidos externos. El oído se termina de formar a los siete meses de gestación y este hecho le da un valor fundamental, ya que los demás sentidos se terminan de desarrollar luego del nacimiento. Reconocer visualmente a la madre exige la integración de diversas percepciones que no están disponibles al nacer, no así el reconocimiento de la voz y los demás sonidos. La vista es uno de los últimos sentidos en desarrollarse.





